por Héctor Romo-Parra
En 1947, un fisiólogo mexicano recibió una carta de Norbert Wiener —el matemático que acababa de bautizar a la “cibernética”— para discutir una idea que hoy nos parece cotidiana: que el cerebro no sólo “responde”, sino que se regula a sí mismo mediante retroalimentación. Ese fisiólogo era Arturo Rosenblueth. Y detrás de esa correspondencia hay una historia de ciencia, guerra, hospitales, perros de laboratorio, y un país que intentaba construir instituciones modernas.
(más…)









