By: Norma Serrano & Rebeca Jiménez
El cambio de SOP a SOMP no es solo semántico: reconoce que esta es una enfermedad sistémica, metabólica, endocrina y neuropsicológica.
El nombre que siempre fue un problema
Hasta el 12 de mayo de 2026, se conocía como síndrome de ovario poliquístico (SOP). Este nombre generaba confusión, ya que sugería que el problema principal eran quistes en el ovario, lo cual no es completamente cierto, y lo consideraba solo una enfermedad ginecológica, lo que es incompleto.
Ese día, un consenso global publicado en The Lancet y presentado en el Congreso Europeo de Endocrinología en Praga oficializó el cambio. La condición ahora se llama síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP), conocido en inglés como PMOS. Este nombre es el resultado de un proceso de 11 años que involucró a más de 22,000 personas de 56 organizaciones en todo el mundo.
Nombre anterior
SOP
Síndrome de Ovario Poliquístico
Implica quistes ováricos patológicos (son folículos detenidos, no quistes), señala al ovario como origen único e ignora la dimensión endocrina, metabólica y neurológica.
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Nuevo nombre
SOMP
Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino
Reconoce la alteración de múltiples ejes hormonales, la disfunción metabólica sistémica y la naturaleza multisistémica de la condición, manteniendo la referencia ovárica por continuidad.
El proceso fue complicado: candidatos anteriores generaron preocupaciones culturales y estigmas. El nombre final se eligió por su precisión y aceptación. La transición se planifica en tres años e incluye actualizaciones en guías clínicas, registros de salud, materiales educativos y sistemas de clasificación de enfermedades.
«El término anterior era inexacto: implicaba quistes ováricos patológicos, oscurecía las características endocrinas y metabólicas, y contribuía a diagnósticos tardíos, atención fragmentada y estigma.»
— Teede et al. (2026), The Lancet · consenso de 56 organizaciones globales
Una condición sistémica
El SOMP afecta a entre el 8 y el 13% de las personas en edad reproductiva a nivel mundial —más de 170 millones de personas— y se estima que el 70% está sin diagnosticar. Parte del problema: el nombre antiguo orientaba hacia ginecología cuando la condición involucra múltiples sistemas simultáneamente.
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Sistema endocrino — el núcleo del problema
Resistencia a la insulina, hiperinsulinemia, exceso de andrógenos y disfunción del eje hipotálamo-hipófisis-ovario actúan de forma interrelacionada. No es solo una hormona alterada, sino un desequilibrio de múltiples ejes hormonales.
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Sistema cardiometabólico
Mayor riesgo de diabetes tipo 2, síndrome metabólico, dislipidemia y enfermedad cardiovascular. La resistencia a la insulina —presente en el 75% de las personas con SOMP— es el mecanismo unificador central.
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Sistema reproductivo
Irregularidades menstruales, anovulación, dificultades de fertilidad y mayor riesgo de complicaciones durante el embarazo. El ovario es un órgano afectado, no necesariamente el órgano origen.
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Sistema neurológico y psicológico
Riesgo elevado de ansiedad, depresión y alteraciones cognitivas. Un ámbito que las guías clínicas tradicionales solían tratar como consecuencia —no como parte intrínseca de la condición.
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Piel y tejido
Acné, hirsutismo, alopecia androgénica y acantosis nigricans como manifestaciones dermatológicas del exceso androgénico y la resistencia a la insulina.
Dimensión neuropsicológica: la más invisibilizada
De todos los sistemas afectados, el neuropsicológico es probablemente el que recibe menos atención clínica. Históricamente, la ansiedad o la depresión en personas con SOMP se interpretaban como «reacciones comprensibles» a tener una enfermedad crónica. La evidencia reciente apunta a algo más estructural.
Salud mental
Ansiedad y depresión: no son solo «efecto secundario»
Las personas con SOMP tienen 3 veces más riesgo de depresión y 5 veces más de ansiedad que la población general
La asociación persiste incluso en personas sin obesidad ni síntomas dermatológicos evidentes
La resistencia a la insulina en el cerebro altera la señalización de dopamina, con consecuencias directas sobre motivación y estado de ánimo
El exceso de andrógenos durante períodos críticos del neurodesarrollo puede alterar trayectorias cerebrales
La TCC reduce síntomas de ansiedad y depresión en SOMP con evidencia de ECC. No basta con tratar el síndrome metabólico para mejorar la salud mental.
Cognición
Alteraciones en memoria, atención y función ejecutiva
Revisiones sistemáticas documentan mayor riesgo de deterioro en fluidez verbal, memoria a corto plazo y funciones ejecutivas
La resistencia a la insulina cerebral reduce la disponibilidad de glucosa en regiones prefrontales e hipocampales
Estudio en Neurology (2024) asoció SOMP con peores indicadores de salud cerebral a mediana edad, incluyendo mayor carga de lesiones de sustancia blanca
La calidad del sueño, reducida en esta condición, amplifica el impacto cognitivo
Las alteraciones cognitivas son más marcadas en personas con resistencia a la insulina no tratada, lo que sugiere que el manejo metabólico también protege la función cerebral.
La hipótesis del «doble impacto» neuroendocrino
Una hipótesis sugiere que el SOMP causa vulnerabilidad neuropsiquiátrica a través de dos momentos críticos: la vida intrauterina y la adolescencia. En estas etapas, la exposición a altos niveles de andrógenos puede afectar permanentemente el desarrollo del sistema nervioso central.
Este mecanismo podría explicar por qué la carga psiquiátrica en el SOMP no se relaciona únicamente con la severidad de los síntomas visibles. Es decir, tener acné o hirsutismo no causa depresión —aunque el estigma también juega un papel— sino que el ambiente hormonal que produce estos síntomas físicos puede haber afectado la estructura cerebral desde la infancia.
¿Qué implica para el paciente?
01
Menos diagnósticos tardíos
El nombre anterior hacía que médicos y pacientes se enfocaran en síntomas ováricos. Aquellos sin irregularidades menstruales claras podían estar años sin un diagnóstico. El SOMP promueve buscar el patrón endocrino-metabólico completo, sin importar cómo se manifieste.
02
Atención integrada, no fragmentada
Un diagnóstico de «enfermedad ovárica» llevaba a una consulta de ginecología. Un diagnóstico de condición poliendocrina metabólica debería llevar a equipos coordinados que incluyan endocrinología, nutrición, salud mental y, cuando sea pertinente, neuropsicología.
03
La salud mental como componente
Si la ansiedad y la depresión tienen causas biológicas distintas del estigma y del estrés relacionado con enfermedades crónicas, deben evaluarse y tratarse sistemáticamente dentro del manejo, no solo cuando el paciente lo menciona.
04
Reducción del estigma asociado a la imagen corporal
El cambio de nombre es también un cambio de marco: no se trata de una «falla ovárica» ni de un problema estético. Es una condición sistémica con base endocrinometabólica, lo que cambia la narrativa tanto para los pacientes como para sus entornos clínico y social.
Referencias:
Teede, H. J., Bahri Khomami, M., Morman, R., et al. (2026). Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. The Lancet. doi: 10.1016/S0140-6736(26)00717-8
Flaherty, C. (2025). Neuropsychological profile of polycystic ovary syndrome: past, present, and future. Fertility and Sterility, 124(5), 948–955.
Dubé-Zinatelli, E., Anderson, F., & Ismail, N. (2025). The overlooked mental health burden of polycystic ovary syndrome: neurobiological insights into PCOS-related depression. Frontiers in Neuroendocrinology, 78, 101203.
Lleo, A. et al. (2024). Associations of polycystic ovary syndrome with indicators of brain health at midlife in the CARDIA cohort. Neurology, 102(4).


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