By: Hector Romo & Rebeca Jiménez
Un estudio analiza datos de más de 5,000 niñas y niños autistas y propone algo que se intuía pero era difícil de demostrar: dentro del espectro podrían existir subtipos con perfiles de desarrollo y huellas genéticas distintas.
El espectro es diverso. Pero, ¿Qué tan diverso?
«Si conociste a una persona autista, conociste a una persona autista.» La frase —atribuida al profesor Stephen Shore, autista y especialista en educación especial en Adelphi University— se repite constantemente porque captura algo real: el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) agrupa experiencias muy distintas. El espectro es basto.
El problema es que actualmente los sistemas diagnósticos agrupan a las personas según dos criterios (dificultades en comunicación social, y conductas restrictivas/repetitivas) y les asignan un «nivel» del 1 al 3 según la severidad. Esos grupos son útiles pero burdos: como señala el psiquiatra Fred Volkmar, de Yale, «el espectro habla de la heterogeneidad, pero también la tapa.»
Un estudio publicado el 9 de julio de 2025 en Nature Genetics intenta hacer algo más fino: identificar subtipos que no solo agrupen por comportamiento, sino que también tengan perfiles genéticos distintos. Los autores se cuestionan si: ¿hay rutas biológicas distintas que llevan a fenotipos distintos dentro del autismo?
«Lo que estamos viendo no es una sola historia biológica del autismo, sino múltiples narrativas distintas.»
– Flatiron Institute.
¿Qué hizo el estudio?
El equipo analizó datos del programa SPARK —uno de los registros de investigación sobre autismo más grandes del mundo—, que incluyó a 5,392 niñas y niños autistas de entre 4 y 18 años, junto con sus hermanos neurotípicos como grupo de comparación. La base de datos combinó cuatro tipos de información:
Rasgos centrales del TEA (habilidades de comunicación social y conductas restrictivas/repetitivas); hitos del desarrollo (retrasos o ausencia de ellos); rasgos asociados como atención, ansiedad y conductas disruptivas; y, de forma crucial, datos genéticos.
Con modelos estadísticos y criterio clínico combinados, agruparon a los participantes en cuatro clústeres que buscaban capturar patrones consistentes de rasgos, desarrollo y genética. El dataset de esta magnitud y con esta combinación de datos es, en palabras de Litman, «extremadamente raro.»
Datos clave
5,392 niñas y niños analizados (4–18 años), del programa SPARK.
4 subtipos identificados con perfiles genéticos distintos.
~20% de personas autistas tienen hoy una causa genética identificable por pruebas estándar.
60–80% de heredabilidad estimada del TEA.
Los cuatro subtipos propuestos
Es importante subrayar desde el principio: estos no son «tipos» perfectamente separados. Son grupos estadísticos con mucha variabilidad interna. Dicho eso, los patrones son lo suficientemente robustos como para merecer atención.
37%
Desafíos sociales y conductuales
- Dificultades marcadas en comunicación social y conductas repetitivas
- Más retos con atención, ansiedad y conductas disruptivas
- Sin retrasos significativos del desarrollo
- Diagnóstico promedio: tardío
19%
TEA mixto con retraso del desarrollo
- Perfil más heterogéneo en rasgos centrales
- Algunos retrasos del desarrollo respecto a la población neurotípica
- Mayor variabilidad dentro del grupo
34%
Desafíos moderados
- Dificultades consistentes pero menos intensas que otros grupos
- Sin retrasos del desarrollo
- El grupo más numeroso junto al primero
10%
Afectación amplia
- Dificultades más severas y extendidas
- Retrasos del desarrollo presentes
- Mayor carga global de retos
Punto fuerte: conectar clústeres con genética
Agrupar personas por comportamiento no es nuevo. Lo que distingue a este trabajo es que los cuatro grupos muestran perfiles genéticos distintos, con rutas biológicas que apenas se superponen entre sí.
Un ejemplo concreto: en el grupo de «desafíos sociales y conductuales» (el 37%), se encontraron más variantes en genes que se activan después del nacimiento. Esto podría explicar, de forma coherente, dos cosas: que estos niños no presenten retrasos del desarrollo significativos (porque los genes problemáticos no se expresan en las etapas más tempranas) y que sean diagnosticados más tarde que los otros grupos.
La investigadora principal Olga Troyanskaya, de Princeton, lo describe así: fue una sorpresa lo diferentes que resultaron los cuatro subtipos. «La genética y la biología subyacentes son muy distintas. Había muy poco solapamiento biológico entre los grupos.»
Analogía del rompecabezas: Sauerwald describe el problema previo como intentar armar un rompecabezas sin darse cuenta de que en realidad son cuatro rompecabezas distintos mezclados en la misma caja. «No podíamos ver los patrones genéticos completos hasta que primero separamos a las personas en subtipos.»
Hasta ahora, la genética de referencia solo identifica una causa clara para alrededor del 20% de las personas autistas. Este enfoque —partir del fenotipo para luego buscar la firma genética— podría abrir la puerta a encontrar más.
¿Por qué importa?
Si estos subtipos se replican en poblaciones diversas y se vuelven aplicables en la práctica clínica, podrían tener implicaciones concretas en tres áreas:
- Comunicación más precisa. En lugar de hablar solo de «nivel 1, 2 o 3», los perfiles podrían describir con más matiz las necesidades y fortalezas de cada persona. Puede ofrecer un marco más definido para los equipos clínicos y las familias.
- Apoyos personalizados. Si los subtipos reflejan rutas biológicas distintas, las intervenciones más efectivas podrían variar de un grupo a otro. Dando paso a medicina de precisión aplicada a condiciones del neurodesarrollo.
- Investigación traslacional enfocada. Estudiar mecanismos biológicos, ventanas de intervención o respuestas a determinados apoyos con grupos más homogéneos podría generar resultados más claros que los obtenidos buscando patrones en el espectro completo.
El propio Litman resume la ambición del proyecto: «Tenemos ahora un marco basado en datos que muestra que hay al menos cuatro subtipos —y que son significativos tanto en la clínica como en el genoma.»
Las precauciones para subrayar
El artículo en Scientific American y el propio estudio son honestos sobre los límites del trabajo. No sería divulgación responsable omitirlos.
⚠ Límites del estudio
Muestra no representativa. Los participantes del programa SPARK y algunos análisis genéticos se restringieron a personas con ascendencia europea por disponibilidad de datos. Los subtipos aún no han sido validados en poblaciones más diversas.
Categorías estadísticas, no etiquetas clínicas. Los cuatro grupos emergen de modelos computacionales y criterio clínico. No son diagnósticos listos para aplicar en consultorio. Catherine Lord, psicóloga especialista en autismo de UCLA, señala que aún no está claro si serán útiles en entornos clínicos reales.
Probablemente hay más de cuatro subtipos. El propio equipo lo reconoce: con muestras más grandes y más diversas, o incorporando el 98% del genoma que aún no fue analizado (regiones no codificantes), podrían emerger grupos adicionales.
Esto es investigación, no un cambio diagnóstico inmediato. Por el momento, esta es una herramienta para la investigación. El camino hacia aplicaciones clínicas reales pasa primero por replicación independiente en poblaciones diversas.
Nota: Esta entrada es divulgativa y no reemplaza evaluación clínica individual. Si tienes preguntas sobre diagnóstico o apoyos para una persona autista, consulta con un profesional de salud especializado.
Referencia:
Litman, A., Sauerwald, N., Green Snyder, L. et al. «Decomposition of phenotypic heterogeneity in autism reveals underlying genetic programs.» Nature Genetics 57, 1611–1619 (2025). doi: 10.1038/s41588-025-02224-z


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