By: Norma Serrano & Rebeca Jiménez
Hoy, 30 de abril, se cumplen 129 años de uno de los descubrimientos más disruptivos en la historia de la ciencia: el electrón. Una partícula tan pequeña que es imposible imaginarla, y tan fundamental que sin ella no existiría nada de lo que puedes ver, tocar o sentir.
EL EXPERIMENTO
Un tubo de vidrio con secretos
En 1897, el físico británico Joseph John Thomson estaba jugando con tubos de rayos catódicos: tubos de vidrio al vacío por los que pasaba corriente eléctrica. Era tecnología relativamente común en los laboratorios de la época, pero Thomson la usó con una pregunta diferente: ¿qué son exactamente esas partículas que viajan por el tubo?
Lo que observó fue sorprendente. Había partículas con carga negativa que se comportaban de manera idéntica sin importar el metal con el que estuvieran hechos los electrodos. Aluminio, cobre, platino: el resultado era siempre el mismo. Eso solo podía significar una cosa: esas partículas no eran propias de ningún elemento en particular. Eran universales. Estaban en todos lados.
¿SABÍAS QUE?
Thomson no las llamó electrones. Les dio el nombre de corpúsculos. El término «electrón» ya existía desde 1891, propuesto por el físico irlandés George Johnstone Stoney, y fue adoptado después para nombrar el descubrimiento de Thomson.
EL MODELO
A partir de sus experimentos, Thomson propuso una nueva imagen del átomo: una esfera de carga positiva con electrones incrustados aquí y allá, como pasas en un pudín. El modelo tenía un nombre tan apetitoso como impreciso —plum pudding model— y en pocos años Rutherford lo refutaría con sus propios experimentos, demostrando que el átomo tiene un núcleo compacto y que los electrones orbitan alrededor.
A veces en ciencia, descubrir la pregunta correcta vale más que tener la respuesta definitiva.
Pero Thomson estaba apuntando en la dirección correcta. Antes de él, el átomo era considerado indivisible: la unidad mínima, irreductible, de la materia. Su descubrimiento demolió esa idea y abrió la puerta a toda la física atómica y cuántica del siglo XX.
POR QUÉ IMPORTA
Los electrones lo mueven todo
La electricidad que alimenta tu teléfono, los enlaces que mantienen unidas las moléculas de tu ADN, la luz que emite la pantalla que estás leyendo ahora mismo, los impulsos nerviosos que recorren tu cerebro mientras procesas estas palabras: todo eso es, en esencia, electrones en movimiento o en interacción.
El descubrimiento del electrón no fue solo un logro científico abstracto. Fue el primer paso hacia la comprensión de qué está hecho el mundo a su nivel más fundamental. Y ese paso, dado en un laboratorio en Cambridge hace 129 años, todavía resuena en cada tecnología que usamos y en cada proceso biológico que nos mantiene vivos.


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