Neuropsicolocos

Lunes Neurocientífico — Augusto Fernández-Guardiola

por Héctor Romo-Parra

Tomado de https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252009000600010

Dormimos aproximadamente un tercio de la vida y, aun así, durante siglos el sueño fue “tierra de nadie” para la ciencia: un apagón que sólo servía para descansar. Hoy sabemos que es un estado activo, con arquitectura propia, donde el cerebro reorganiza la memoria, regula emociones, recalibra la inmunidad y mantiene la salud de sus circuitos.

En México, una parte importante de esa historia se construyó a partir del trabajo de Augusto Fernández‑Guardiola, pionero de la neurofisiología del sueño y figura clave para institucionalizar el estudio electrofisiológico del dormir. Este “Lunes Neurocientífico” es un recorrido accesible por su trayectoria y por qué su legado sigue vigente.

Biografía

Augusto Fernández‑Guardiola fue una de las figuras fundacionales de la neurofisiología moderna en México, particularmente en el estudio del sueño y su registro eléctrico. Se formó en un periodo en el que el electroencefalograma (EEG) y la neurofisiología estaban redefiniendo nuestra manera de observar el cerebro “en tiempo real”.

Desarrolló su trabajo principalmente en la UNAM y en el ecosistema de instituciones mexicanas que consolidaron la investigación biomédica en el siglo XX, formando estudiantes, técnicos y jóvenes investigadores en métodos electrofisiológicos rigurosos. Su producción académica y su labor docente ayudaron a legitimar el sueño como objeto de investigación científica —no como un simple “estado pasivo”— y contribuyeron a que el EEG se volviera una herramienta cotidiana en laboratorios y clínicas.

Además de generar conocimiento, Fernández‑Guardiola ayudó a construir comunidad: líneas de trabajo, seminarios, tradición metodológica y una cultura de medición cuidadosa que es, en sí misma, una herencia.

Aporte principal

1) Qué medimos cuando estudiamos el sueño

Cuando alguien “se duerme”, el cerebro no se apaga: cambia de modo. Para observar ese cambio, la neurofisiología del sueño se apoya en tres señales clásicas:

  • EEG (electroencefalograma): registra actividad eléctrica cortical. Es la base para identificar etapas de sueño por sus ritmos y patrones.
  • EOG (electrooculograma): registra movimientos oculares, clave para reconocer el sueño REM.
  • EMG (electromiograma): registra tono muscular, que disminuye notablemente en ciertas etapas (y casi desaparece en REM).

Con estas señales se construye un “mapa” del dormir: ciclos que se repiten cada 90–110 minutos aproximadamente, alternando fases NREM (más “lentas”) y REM (asociada a sueños vívidos en muchas personas).

2) Por qué el EEG cambió la historia del sueño

Antes del EEG, el sueño se describía desde la conducta: ojos cerrados, poca respuesta, inmovilidad. El EEG permitió algo decisivo: distinguir estados internos que por fuera se ven iguales.

El aporte de Fernández‑Guardiola se entiende en ese contexto: ayudar a establecer y consolidar el registro electrofisiológico del sueño en México como práctica científica y formativa. Su trabajo contribuyó a:

  • Normalizar el uso de registros eléctricos para caracterizar el dormir con criterios objetivos.
  • Desarrollar y transmitir estándares de medición y análisis (calidad de señal, artefactos, montajes, interpretación).
  • Enfatizar que el sueño es un fenómeno neurofisiológico con organización propia, no un “apagón”.

En otras palabras: impulsó la idea —hoy obvia, entonces no tanto— de que el sueño se mide y se explica con fisiología, no sólo con observación.

3) Lo que cambió con esa mirada

Con el sueño medido como fenómeno eléctrico, se abrió la puerta a preguntas que siguen guiando la investigación actual:

  • ¿Cómo se coordinan redes cerebrales para consolidar memoria?
  • ¿Qué relación hay entre sueño y regulación emocional?
  • ¿Por qué ciertas enfermedades alteran el sueño y por qué el sueño altera el curso de ciertas enfermedades?

El punto no es que todo se resuelva con un EEG, sino que el EEG volvió visible la arquitectura del sueño y permitió construir teoría y clínica sobre bases más firmes.

Impacto hoy

Aunque la tecnología ha avanzado (poligrafía digital, análisis automático, neuroimagen, wearables), la lógica central permanece: el sueño es un marcador y un modulador de salud.

Sueño y salud mental

Trastornos del sueño y trastornos del ánimo se retroalimentan. No dormir bien altera el control emocional, aumenta reactividad al estrés y empeora síntomas ansiosos o depresivos. A la vez, ansiedad y depresión fragmentan el sueño. El enfoque neurofisiológico ayuda a separar “no duermo” (queja) de qué está pasando con la arquitectura del dormir(medible).

Sueño y neurodegeneración

Hoy se habla mucho del papel del sueño en limpieza metabólica cerebral, plasticidad sináptica y vulnerabilidad a procesos neurodegenerativos. Más allá de los titulares, el mensaje es sencillo: el sueño no es un lujo; es una condición biológica para que el cerebro se mantenga estable.

Sueño como puente entre cerebro y cuerpo

El sueño regula ejes hormonales, metabolismo e inmunidad. Desde una mirada moderna de neuroinmunología, esto es especialmente interesante: dormir mal no sólo afecta “cómo pensamos”, también afecta cómo responde el organismo ante inflamación y reparación.

Legado

El legado de Fernández‑Guardiola no es únicamente un conjunto de artículos o datos: es una forma de mirar y una cultura de medición.

  • Contribuyó a colocar el sueño en el centro de la neurofisiología mexicana.
  • Formó personas que continuaron líneas de investigación y docencia.
  • Ayudó a integrar herramientas (EEG y registro fisiológico) que hoy son estándar en investigación y en medicina del sueño.

En ciencia, consolidar una tradición metodológica es una de las maneras más profundas de dejar huella: lo que se mide con rigor se vuelve comparable, discutible y, finalmente, acumulable.

Referencias:

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