por Carmen Rubio
En 1973, el psicólogo David L. Rosenhan publicó en Science uno de los estudios más influyentes (y polémicos) de la psiquiatría: “On Being Sane in Insane Places”.[1] Su objetivo era poner a prueba algo muy concreto:
Aquí ha surgido la pregunta:

¿Pueden los psiquiatras distinguir con fiabilidad entre una persona sana y una persona con un trastorno mental grave cuando están dentro de un hospital psiquiátrico?


