Por Norma Serrano
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad en la que el sistema inmune, que debería protegernos, ataca por error la mielina, la capa que recubre y protege las neuronas en el cerebro y la médula espinal. Eso puede provocar síntomas como visión borrosa, problemas para caminar, debilidad, cansancio intenso o alteraciones en la sensibilidad.
Desde hace años se sospecha que, además de la genética y otros factores ambientales, algunos virus podrían aumentar el riesgo de desarrollar EM. Uno de los principales sospechosos es el virus de Epstein-Barr (EBV), un virus muy común que infecta a la mayoría de las personas a lo largo de su vida y que suele causar, en algunos casos, mononucleosis infecciosa («la enfermedad del beso»).
Quédate, vale la pena seguir leyendo…
¿Qué hizo este estudio?
El artículo en Science analiza de manera retrospectiva los registros médicos y muestras de sangre de miles de soldados durante más de dos décadas.[1] Gracias a este seguimiento tan largo, el equipo pudo comparar quiénes se infectaron con el virus de Epstein-Barr y quiénes no, y ver quiénes desarrollaron esclerosis múltiple con el tiempo.
La gran ventaja de este tipo de estudio es que se dispone de muestras tomadas mucho antes de que aparezca la EM. Eso permite preguntarse: ¿el virus aparece antes de los primeros síntomas?, ¿o es una consecuencia de la enfermedad? Aquí la línea del tiempo es clave.
Los hallazgos más importantes
- Casi todas las personas que desarrollaron EM habían estado previamente infectadas por el virus de Epstein-Barr.
- En quienes no tenían el virus, el riesgo de EM era muchísimo menor.
- El aumento en marcadores de daño en el sistema nervioso aparecía después de la infección por EBV, no antes.
En conjunto, estos datos refuerzan la idea de que la infección por Epstein-Barr no es un simple acompañante, sino un posible desencadenante importante en algunas personas predispuestas.[1]
¿Significa esto que el virus «causa» esclerosis múltiple?

No es tan sencillo. La ciencia evita frases como «una sola causa» para enfermedades complejas.
- La mayoría de las personas se infectan con EBV y no desarrollan EM.
- La genética, el ambiente, la vitamina D, el tabaquismo y otros factores también influyen en el riesgo.
- Lo más probable es que el virus actúe como una pieza clave dentro de un rompecabezas más grande en personas con cierta vulnerabilidad.
Una forma sencilla de pensarlo: el virus podría ser una chispa que prende un fuego solo cuando el terreno ya está muy seco y lleno de material inflamable.
¿Cómo podría un virus favorecer la EM?
Aunque aún se investiga, hay varias hipótesis:
- Mimetismo molecular: algunas proteínas del virus se parecen a proteínas propias del sistema nervioso. El sistema inmune, al atacar al virus, podría empezar a confundir y atacar también la mielina.
- Reprogramación del sistema inmune: el EBV infecta ciertos glóbulos blancos y podría dejar al sistema inmune en un estado de activación crónica.
- Inflamación a largo plazo: incluso después de la infección aguda, pueden quedar huellas inflamatorias que aumentan la probabilidad de una respuesta inmune descontrolada.
¿Qué implica esto para la prevención?
Si el papel del virus de Epstein-Barr se confirma en más estudios, se abren posibilidades interesantes:
- Vacunas contra EBV: igual que tenemos vacunas para otros virus que antes causaban enfermedades graves, una vacuna eficaz podría disminuir a largo plazo el número de casos de EM.
- Tratamientos dirigidos al virus: en personas ya infectadas y con alto riesgo, podrían estudiarse terapias que modulen su interacción con el sistema inmune.
Todo esto todavía está en fase de investigación. No es algo que vaya a cambiar la práctica clínica de un día para otro, pero marca una dirección clara.
Lo que sí podemos hacer hoy
Aunque no podemos evitar por completo la infección por EBV, sí hay medidas generales que ayudan a cuidar el cerebro y, en algunos casos, a reducir riesgos asociados a la EM:
- No fumar.
- Mantener una actividad física regular, adaptada a cada persona.
- Cuidar el sueño y la salud mental.
- Consultar con profesionales de salud ante síntomas neurológicos persistentes (visión doble o borrosa, debilidad, hormigueos que duran varios días, dificultad para coordinar movimientos, etc.).
En resumen
Este estudio refuerza la relación entre un virus muy común, el Epstein-Barr, y la esclerosis múltiple.[1] No significa que el virus sea la única causa, pero sí que podría ser una pieza central en cómo se enciende la enfermedad en personas vulnerables.
Para el público general, el mensaje es doble: por un lado, tranquilidad (la mayoría de las personas con EBV nuncadesarrollará EM); por otro, esperanza, porque entender mejor este vínculo abre puertas a estrategias de prevención y tratamiento más específicas en el futuro.
Referencia:
Bjornevik K, Cortese M, Healy BC, et al. Longitudinal analysis reveals high prevalence of Epstein-Barr virus associated with multiple sclerosis. Science. 2022;375(6578):296-301. doi:10.1126/science.abj8222

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