Por:
Ronald Miguel Linero Racines
Tutora: Doctora Laura Mendoza
Hoy toca colaboración internacional y es un honor para Neuropsicolocos tener como invitado al doctorante Ronald Llinero de la Universidad de la Costa, en Barranquilla Colombia.
Aquí les dejamos este interesante estudio que forma parte del proyecto de doctorado de Ronald.
En los últimos años, hablar de bullying y ciberbullying en contextos escolares se ha vuelto casi inevitable. Sin embargo, todavía es frecuente que estos fenómenos se aborden de manera reduccionista, como si fueran solo “mal comportamiento” o conflictos aislados entre estudiantes. Desde mi experiencia como docente e investigador, y a la luz del pensamiento complejo, he comprendido que el abordaje real de estas problemáticas exige mucho más: requiere docentes capaces de investigar su propia práctica, articular saberes diversos y entender la escuela como un entramado de relaciones, emociones y significados.
Esta reflexión surge en el marco de mi formación en la unidad curricular Pensamiento Complejo del Investigador y se articula con mi tesis doctoral, orientada a validar un modelo neuropsicopedagógico para mitigar el bullying y el ciberbullying en estudiantes de básica secundaria en Colombia. Dicho modelo integra tres ejes fundamentales: la Teoría de la Mente, las Funciones Ejecutivas y la Funcionalidad Familiar.
El pensamiento complejo: mirar más allá de la conducta
Edgar Morin nos recuerda que la realidad humana es multidimensional y no puede capturarse con miradas lineales o fragmentadas. Desde esta perspectiva, el bullying deja de ser visto solo como una conducta disruptiva para entenderse como una emergencia relacional donde convergen factores emocionales, cognitivos, familiares, tecnológicos y culturales.
Autores como Gómez (2010) han mostrado que la complejidad en educación aparece precisamente como respuesta a modelos que separaban al sujeto del contexto, al conocimiento de la vida real. En mi tesis, esto se traduce en la necesidad de articular distintos niveles de análisis:
- Nivel micro: procesos cognitivos y emocionales del estudiante (empatía, mentalización, autorregulación, control inhibitorio).
- Nivel meso: dinámicas familiares y escolares, estilos de comunicación, normas de convivencia.
- Nivel macro: prácticas culturales, estructuras institucionales y el impacto de los entornos digitales.
Desde esta mirada, intervenir el bullying implica asumir que ningún factor, por sí solo, explica el fenómeno. Más bien, se trata de comprender cómo se entrelazan las dimensiones personales, familiares y sociales.
El docente investigador: más que un aplicador de técnicas
La formación del docente investigador desde el pensamiento complejo no se limita a transmitir contenidos sobre metodología o a enseñar a aplicar instrumentos. Implica, sobre todo, formar una postura epistemológica y ética frente a la realidad educativa.
La literatura sobre el tema (Hernández Arteaga, 2009; Anchundia-Gómez et al., 2022) coincide en que el docente investigador:
- Reflexiona críticamente sobre su práctica.
- Construye conocimiento situado, vinculado a los problemas reales de su contexto.
- Acompaña procesos de transformación en la escuela, no solo “mide” o “evalúa” comportamientos.
En mi propio recorrido como coordinador de laboratorios de psicología, esto significó cuestionar la distancia entre el diseño de modelos de intervención y la vida cotidiana de los y las adolescentes: sus miedos, sus tensiones, sus formas de relacionarse en el aula y en el mundo digital. La investigación deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio para transformar la convivencia escolar y fortalecer la identidad profesional del docente.
Emocionalidad, ética y reflexividad en la práctica educativa
Orth, Escalante y Lubke (2020) subrayan que la formación docente en clave de complejidad requiere integrar dimensiones que a menudo se han trabajado por separado: la emocionalidad, la cognición, la ética y la reflexividad. El docente es, ante todo, un sujeto relacional, inserto en redes de sentido que influyen en cómo enseña, cómo investiga y cómo acompaña a sus estudiantes.
En mi tesis, esta idea se concretó en la inclusión de actividades dirigidas a:
- Fortalecer la empatía y la capacidad de reconocer el estado mental del otro (Teoría de la Mente).
- Promover la autorregulación emocional y el control inhibitorio, clave para detener impulsos agresivos.
- Fomentar interacciones saludables, tanto en el aula como en entornos virtuales.
Así, el pensamiento complejo se traduce en propuestas pedagógicas donde el desarrollo cognitivo y el desarrollo socioemocional no se tratan como dimensiones separadas, sino como procesos profundamente interdependientes.
Más allá del aula: familia, redes y transdisciplinariedad
Roa Acosta (2006) plantea que la formación docente desde la complejidad implica superar modelos centrados en la simple transmisión de contenidos, para dar paso a prácticas colaborativas, dialógicas y críticas. Esto fue clave para reconocer que mi modelo de intervención no podía limitarse a un protocolo rígido, diseñado “desde afuera” de la comunidad educativa.
Por el contrario, la propuesta debía construirse desde el diálogo con estudiantes, familias y docentes, incorporando, por ejemplo:
- Componentes de funcionalidad familiar, para entender cómo algunas tensiones de la convivencia escolar reflejan dinámicas afectivas o comunicativas del hogar.
- Espacios de co-construcción donde los distintos actores del colegio pudieran participar en el diseño, ajuste y evaluación de la intervención.
- Mecanismos de retroalimentación continua para adaptar las estrategias según la evolución de los grupos.
A esto se suma la perspectiva de la transdisciplinariedad (Piñero, 2018), que invita a integrar:
- Neurociencia.
- Psicología y pedagogía.
- Educación emocional.
- Teoría sistémica familiar.
- Estudios socioculturales del conflicto escolar.
Desde esta integración, el modelo neuropsicopedagógico incorpora actividades que desarrollan funciones ejecutivas, fortalecen la comunicación familiar y promueven una comprensión más profunda de las relaciones de poder y de cuidado en la escuela.
Bullying y ciberbullying como fenómenos dinámicos
Maldonado (2011) concibe el pensamiento complejo como un modo de pensar sistemas en constante cambio. Esta idea resultó decisiva para entender que el bullying y el ciberbullying no son conductas fijas, sino procesos que pueden emerger, intensificarse o transformarse según:
- Las dinámicas del grupo.
- La presencia y estilo de las figuras de autoridad.
- Los recursos emocionales de cada estudiante.
- La forma en que se usan las tecnologías y redes sociales.
Por ello, el modelo neuropsicopedagógico que propongo incorpora mecanismos de evaluación y seguimiento, permitiendo ajustar la intervención según las necesidades cambiantes de cada grupo. No se trata de aplicar una receta, sino de acompañar procesos vivos, complejos y, muchas veces, impredecibles.
Una ética de la investigación situada
Finalmente, Karplus (2019) recuerda que investigar desde la complejidad implica asumir una postura ética: el investigador forma parte del sistema que estudia. Esta idea me obligó a reconocer mi propia influencia en el proceso, a revisar mis sesgos y a aceptar que mi intervención también está atravesada por factores institucionales, culturales y emocionales.
Desde esta conciencia, la figura del docente investigador se reconfigura:
- No es un técnico que aplica métodos de forma neutral.
- Es un sujeto reflexivo que interpreta, reconstruye, acompaña y transforma.
- Se compromete con una intervención sensible, multidimensional y adaptativa.
En el contexto de mi tesis doctoral, el pensamiento complejo se ha convertido en el hilo conductor que articula teorías sociocognitivas, dinámicas familiares y estrategias pedagógicas para responder a uno de los grandes desafíos contemporáneos de la escuela: construir entornos donde la convivencia, el cuidado y la dignidad de cada estudiante sean el centro de la experiencia educativa.
Referencias bibliográficas
Anchundia-Gómez, O., Delgado-Martínez, L., Acosta-Muñoz, J., & Velasteguí-Cañar, S. (2022). Modelo educativo basado en pensamiento complejo de Edgar Morin aplicado a la formación del docente investigador. Revista Polo del Conocimiento, 7(3), 446–461.
Gómez, T. (2010). El nuevo paradigma de la complejidad y la educación: una mirada histórica. Polis, 9(25), 183–198.
Hernández Arteaga, I. (2009). El docente investigador en la formación de profesionales. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, 27, 1–20.
Karplus, E. (2019). La complejidad como una opción para la construcción de saberes en la investigación. Universidad Central de Venezuela.
Maldonado, C. (2011). Complejidad: ciencia, pensamiento y aplicación. Universidad del Rosario.
Martínez, M. (2017). La gerencia en la producción del conocimiento universitario a través de las redes de investigación. Fondo Editorial Universitario.
Morin, E. (2005). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.
Orth, M., Escalante, C., & Lubke, J. (2020). El pensamiento complejo y la formación de profesores. Polifonías, 8(17), 99–120.
Piñero, R. (2018). La complejidad como opción para la construcción de saberes en la investigación. Revista Educare.
Roa Acosta, R. (2006). Formación de profesores en el paradigma de la complejidad. Educación y Educadores, 9(1), 31–46.

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