Neuropsicolocos

Cuando los tóxicos moldean la personalidad: plomo, arsénico y cerebro

Por Norma Serrano

Cuando pensamos en tóxicos ambientales, solemos imaginar daño físico: problemas respiratorios, cáncer, enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, algunos metales pesados también pueden modificar la personalidad, las emociones y la conducta. Eso es justo lo que muestra de forma clara y directa el video corto de Estela Naïad, que te recomendamos ver aquí:

En su video, Estela explica cómo la exposición al plomo y al arsénico no solo afecta al cuerpo, sino también al cerebro y a la manera en que pensamos, sentimos y reaccionamos. A partir de estudios en neurociencia y toxicología, hoy sabemos que:

  • El plomo puede alterar zonas del cerebro relacionadas con el control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación emocional.
  • El arsénico se asocia con cambios en el estado de ánimo, mayor riesgo de síntomas depresivos y alteraciones cognitivas.
  • La exposición crónica, incluso a dosis relativamente bajas, puede favorecer problemas de atención, irritabilidad, dificultades en el aprendizaje y cambios en la forma de relacionarnos con otras personas.

Estos efectos se observan con mayor claridad cuando la exposición ocurre en etapas sensibles del desarrollo, como la infancia y la adolescencia, periodos en los que el cerebro está todavía en construcción.

Desde la investigación en neurociencia se ha visto que estos tóxicos pueden:

  • Interferir con la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad de las neuronas para formar y modificar conexiones.
  • Afectar procesos de inflamación cerebral y estrés oxidativo, lo que impacta la salud de neuronas y células gliales.
  • Alterar sistemas de neurotransmisores involucrados en la motivación, la recompensa y el control de la conducta.

Todo esto se traduce en algo muy concreto: lo que respiramos, bebemos y tocamos puede influir en quiénes somos y cómo nos comportamos, sobre todo si la exposición es prolongada y ocurre en momentos críticos del desarrollo.

El aporte de creadoras como Estela Anaya es valioso porque acerca estos hallazgos científicos a un lenguaje cotidiano, poniendo sobre la mesa un tema incómodo pero necesario: la relación entre ambiente, neurodesarrollo y salud mental.

Crédito: El video recomendado en esta entrada es autoría de Estela Naïad y se titula “Efectos del plomo y del arsénico en la personalidad y su conducta”. Puedes verlo aquí: https://youtube.com/shorts/hlEPJfWkjY0?si=JYu03yDWIJQKRnY-.


Para seguir leyendo

Si quieres profundizar un poco más en la evidencia científica sobre los efectos del plomo y el arsénico en el cerebro y la conducta, estas referencias son un buen punto de partida:

  1. Bellinger, D. C. (2013). Neurological and behavioral consequences of childhood lead exposure. PLoS Medicine, 10(2), e1001431.
  2. Cecil, K. M., Brubaker, C. J., Adler, C. M., et al. (2008). Decreased brain volume in adults with childhood lead exposure. PLoS Medicine, 5(5), e112.
  3. Rodríguez-Barranco, M., et al. (2013). Association of arsenic, cadmium and manganese exposure with neurodevelopment and behavioural problems in children: A systematic review and meta-analysis. Science of the Total Environment, 454–455, 562–577.
  4. Parajuli, R. P., et al. (2019). Arsenic exposure, neurobehavioral outcomes and child development: A systematic review. Environmental Research, 178, 108732.
  5. Grandjean, P., & Landrigan, P. J. (2014). Neurobehavioural effects of developmental toxicity. The Lancet Neurology, 13(3), 330–338.

Estas lecturas muestran, desde distintos ángulos, cómo los tóxicos ambientales pueden dejar huellas duraderas en el cerebro y en la conducta, reforzando el mensaje clave del video de Estela Anaya: cuidar el ambiente también es cuidar nuestra salud mental y nuestra personalidad.

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